Minuto y segundo,
día, noche, tarde, mañana…
Así permanezco toda la semana esperando el día de nuestro encuentro,
pues hemos tomado como de costumbre aguardar unos días
y vernos al final de la semana.
Es un reencuentro, no una aventura;
es un acontecimiento deseado.
Sabes como acariciarme de manera única y sutil,
tus manos son distintas,
nada parecido a lo que haya conocido antes.
Y esos brazos que esperan por los míos,
siempre dispuestos a abrazarme.
Solo tú sabes la táctica para hacerme delirar.
Opto por fluir,
y te permito jugar con mis labios,
continúan al compas de los tuyos,
pues la única pausa la hace el corazón cuando estás demasiado cerca,
y tímidamente comienza a latir.
El mundo se ausenta por esa noche,
y mi piel no se cansa de tus arrumacos,
pero se agotan las horas y no podemos pararle las agujas al reloj.
Termina la noche pero el sentimiento permanece,
y yo que no soy de costumbres
anhelo esta rutina de retomar el verso
en donde habíamos pausado.
martes, 8 de marzo de 2011
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