martes, 8 de marzo de 2011

Minuto y segundo,

día, noche, tarde, mañana…

Así permanezco toda la semana esperando el día de nuestro encuentro,

pues hemos tomado como de costumbre aguardar unos días

y vernos al final de la semana.

Es un reencuentro, no una aventura;

es un acontecimiento deseado.

Sabes como acariciarme de manera única y sutil,

tus manos son distintas,

nada parecido a lo que haya conocido antes.

Y esos brazos que esperan por los míos,

siempre dispuestos a abrazarme.

Solo tú sabes la táctica para hacerme delirar.

Opto por fluir,

y te permito jugar con mis labios,

continúan al compas de los tuyos,

pues la única pausa la hace el corazón cuando estás demasiado cerca,

y tímidamente comienza a latir.

El mundo se ausenta por esa noche,

y mi piel no se cansa de tus arrumacos,

pero se agotan las horas y no podemos pararle las agujas al reloj.

Termina la noche pero el sentimiento permanece,

y yo que no soy de costumbres

anhelo esta rutina de retomar el verso

en donde habíamos pausado.

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Lejos de la MUSA, y cerca del café. Veinte diecisiete.