sábado, 29 de enero de 2011

Sumémosle a la noche el silencio de ambos,

mientras nuestras miradas expulsaban los verbos de nuestras ganas,

y los impulsos se alejaban por la timidez,

dejándonos inmóviles y a distancia.

Termina la noche,

y yo sin saber tu nombre,

y tu sin saber de mi,

solo quedamos con el conocimiento de nuestro deseo,

marchándonos con la intriga de saber si volveríamos a vernos o quizás algún día,

conocernos.

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Lejos de la MUSA, y cerca del café. Veinte diecisiete.